lunes, 25 de noviembre de 2013

Cada vez estoy más convencido de lo poquito que importo. Cuando acaba bien una sesión doy las gracias al público y normalmente se piensa que es un acto de educación, pero no es así. Elijo mucho las palabras con que me despido y aunque intento no ser antipático, tampoco digo cosas que no siento. Cuando digo "ha sido un placer" es porque es porque para mí lo ha sido. Y cuando doy las gracias al público es porque estoy agradecido. Soy consciente de los cuentos empiezan desde mi nariz hacia allá. Y cuando el público lo hace bien yo solo tengo que quitarme de enmedio para que fluyan, lo sé.
La verdad es que cuando uno se encuentra con un público que escucha, sin bebés que lloran, sin niños que corren, sin madres que hablan, sin teléfonos que suenan... uno escucha el eco del trabajo de todas las personas que hicieron que fuera posible. LOS PÚBLICOS SE CULTIVAN.
Yo ayer en Fuenlabrada recogí la cosecha de tantas personas que han labrado, regado, abonado y podado para que fuera posible. Los narradores que pasaron antes (que no fueron contratados a granel) y las personas de la organización y la biblioteca. Y las personas que vinieron porque querían disfrutar y no "porque había algo gratis". Ay, qué bien me lo pasé en la biblioteca Antonio Machado. GRACIAS.
(un abrazo también para las compañeras de otras bibliotecas que todavía andan desbrozando el terreno. Ánimo es un trabajo largo, pero tiene recompensa;)

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